jueves, 12 de abril de 2007

GUILLERMO (2da parte de camaleon)

Sírveme otro bull por favor –le dije al cantinero- pero ponle más ron, más cheve y menos jarabe, por que hoy quiero quedar hasta la madre… ¿Qué le pasa amigo? –Preguntó el cantinero- Hoy me entere que mi “hijo”, pueda que no sea mi hijo, lo que me deja unos cuernos pintados en mi nueva cara de pendejo.

Mientras hablaba me di cuenta de que el cantinero solo me escuchaba por compromiso, quizá para obtener una buena propina o por el hecho de que el lugar estaba vació y yo era su único cliente. Terminé mi copa de bull, pedí la cuenta y por lo que pague me parece que debería estar más borracho. El exorbitante precio por solo 8 bulls me hizo pensar que el cantinero me cobro cada palabra que dije como a diez pesos. Entré en mi z4 rojo convertible, encendí el estéreo y metí un disco de pantera… le subí lo mas que pude, me acorde de mi época de puberto donde escuchaba música pesada, bebía en exceso y era feliz. Ahora el metal reflejaba el odio que tenia.
Mi casa estaba a media hora del bar, pero si veía a carla en ese momento la mataría sin ningún cargo de conciencia, entonces decidí ir a casa de Mauricio, que quedaba tan solo a un cuarto de hora, cuando llegué le hable a su celular, le dije que bajara y me acompañara a comprar unas frías en algún clandestino, -¿que pedo entenao?- me saludo y sentí olor a cerveza victoria de cuartito (era un excelente catador de cervezas) y a camarón (o sea, a lo que hueles después del sexo) solté una sonrisa preguntando quien era la nueva conquista; dijo que era una vieja que se había ligado en el supermercado.

Momentos después, nos encontrábamos en el clandestino comprando un cartón de medias y dos six de barrilito (por un momento me pregunté, donde diablos me iba a meter tanto alcohol) nos pusimos a rolar en mi convertible, baje la capota y me puse a cantar “Al lado del camino” recordé aquellos viajes en el Vocho destartalado y la lira, nos emborrachábamos con puras caguamas y decíamos que era más entretenido y mas barato que ir a un antro, ¿Alguna vez vas a sentar cabeza? –Pregunté a Mauricio- no quiero responsabilidades -respondió- ¿ni la de un hijo? –agregué- tu mas que nadie sabe que no soy bueno para los niños –contestó algo incomodo- me orille al lado de un pantano y dije –mi hijo no es mi hijo si no tuyo.- Mauricio como lo esperaba se quedó totalmente callado –¡Esperaste que ella me lo digiera pinche maricón de mierda!- él estaba absolutamente quieto -¡Me viste la cara de pendejo durante todos estos años y eras tan cínico que hasta aceptaste ser mi compadre- saqué la pistola y le dije que saliera del auto, hice que se hincara, el me decía que era un mal entendido que no sabia, pero yo sabía que eso no era cierto, cuando empezó a llorar acerqué la pistola a su ojo (el ojo que me vio la cara de pendejo) y deseé tener otra pistola para ponérsela en el otro –¡no me mates por favor!...- gritó Mauricio y me di cuenta que las gotas de sudor en su rostro resbalaban como los granos de un reloj de arena, pero no le hice caso, tenia una sensación ácida en la garganta (debida a la guacara soberbia que hice en el baño del bar) disparé… el sonido que provoco la bala al entrar por su ojo provoco en mi un vibrante placer durante unos cuantos segundos…

Ahora… cuando paso por aquel camino donde lo maté, todavía siento esa sensación. Y por las noches cuando el eco de su grito – ¡no me mates! - retumba en mi cabeza, me despierto y me vuelvo a dormir con una tenue sonrisa en la boca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que haces escribiendo gratis compiri ya estuvieras en alguna editorial de historias o algo asi tipo leyendas de villa los arcos o palmitas hasta atasta y tamulte jaja...... cidate saludos atte Marcos Saldaña